La UNESCO (1999) refiere, “cuando miramos hacia el futuro,
vemos numerosas incertidumbres sobre lo que será el mundo de nuestros hijos, de
nuestros nietos y de los hijos de nuestros nietos. Pero al menos, de algo
podemos estar seguros: si queremos que la Tierra pueda satisfacer las
necesidades de los seres humanos que la habitan, entonces la sociedad humana
deberá transformarse” (p.7); y en 2003 la OCDE, a partir de la comparación de
datos educativos y económicos de Argentina, Brasil, Chile, China, Egipto,
India, Indonesia, Jamaica, Malasia, Paraguay, Perú, Tailandia, Túnez, Uruguay y
Zimbabwe, concluye que el capital humano ha alcanzado un umbral crítico, y
juega un papel aún más relevante en el proceso de desarrollo económico. Lo que
es más, la obtención de altos niveles de educación secundaria y terciaria son
importantes para que el capital humano se traduzca en un crecimiento económico
sólido” (OCDE-UNESCO citado en Esteve, 2011).
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